miércoles, 6 de marzo de 2013

Gabo

  Homenaje a Gabriel García Márquez


  A raíz de las últimas noticias que se conocieron sobre la salud de Gabriel García Márquez me preguntaron hoy qué pensaba acerca d eso. No logro saber con exactitud el motivo de dicha consulta, salvo obviamente, el público conocimiento de mi enorme admiración por su obra, de hecho, desde hace ya muchos años, lo llamo mi debilidad. Descuento por ende, que es este el motivo.Dicha pregunta dejó una profunda reflexión en mí.
  Cuando escuché por primera vez la noticia en el informativo recordé que hace ya un tiempo leí algo acerca de que su salud no estaba muy bien y que por tal motivo no se mostraba públicamente muy seguido, también es conocido su ya superado cáncer de páncreas allá por 1999.Debo decir que en un principio me afectó mucho la noticia, de por sí es una enfermedad que detesto, si bien es claro que ninguna es buena, el Alzeheimer me produce escalofríos, en conversaciones con amigos y conocidos siempre digo que personalmente la considero aun más terrible que el cáncer. De todas las enfermedades existentes es la que considero más injusta. Nadie tiene el derecho a quitarle a nadie un derecho tan  importante como el de la identidad. No tiene por tanto, una enfermedad, el derecho no solo de hacer eso, sino de borrar todos los recuerdos que forman nuestro bagaje, por peores o mejores que ellos sean.
  La verdad es que reaccioné mal, primero porque aún sin haber tenido la dicha de conocerlo personalmente es un hombre al que admiro profundamente y siento por esa misma razón, un inmenso afecto hacia su persona. Y cada vez que me entero de alguna afección en su salud me pongo triste, dada también su edad, porque siento que se me reducen las posibilidades de cumplir mi deseo de conocerlo y expresarle mi afecto.      Me enojé, creo, porque lo consideré injusto, él no merece un final así, nadie lo merece de hecho, pero él menos , no puede llegar al final de sus días sin recordar que es quizás y sin quizás, el segundo mayor escritor en lengua española de la historia, y que tal vez lo sea más allá de nuestro maravilloso idioma. Él no puede morir sin saber que al igual que yo, hay tantos y tantos que aprendieron a amar la literatura y su maravilloso realismo mágico gracias a él. Él no puede morir sin recordar que es el autor de una de las dos más grandes obras de la literatura universal. Y así sigue mi negativa, porque es así, simplemente me niego a tener que aceptar que perdemos a nuestro Gabo.
  Entonces algo fantástico ocurrió. Acudió como una luz de esperanza una idea a mí. No lo estamos perdiendo, jamás lo vamos a hacer, porque ya vive por y para siempre en millones de personas a lo largo y ancho del mundo, vive y está presente en tantos personajes que es simplemente imposible perderlo.
Por otra parte, es él, es García Márquez, o simplemente Gabo quién se está olvidando de quién es, no nosotros, y mientras no lo hagamos no es necesario que él sepa quién es, basta que lo sepamos nosotros.
Por eso, si está cansado, descanse maestro, ya ha hecho y trabajado mucho por tanta gente que ni siquiera es usted capaz de imaginarlo. Si ya no puede recordar, no se preocupe, basta con que sepa que está rodeado de las personas que usted más ha amado y más lo aman. Basta con que de alguna manera sienta usted el amor de tantos fieles admiradores. ¿Para qué necesita recordar, si ya su misión fue cumplida y con creces?, ¿qué necesita recordar?, ¿qué es el premio Nobel de Literatura?, ¿o quizás algo de todo lo que dije al principio?, no, ya no es necesario, lo supo cuando lo tuvo que saber y eso es más que suficiente. 
  Solamente le pido al Altísimo que le evite en la medida de lo posible cualquier sufrimiento físico o de otra índole, eso sí, usted tampoco merece. No se esfuerce por recordar, déjenos eso a nosotros, seremos nosotros quiénes los ayudaremos a recordar volviendo a esos viejos amores, esos que nos enamoraron de su genial pluma cuando, como en mi caso era solo una niña. Permítase recordar en cada copia de Cien años de soledad que vuelva a abrirse o tal vez leerse por primera vez en quién sabe qué formato. Permita que lo ayudemos a recordar cuando volemos juntos por ese realismo mágico que nos lleve a vivir aventuras antes nunca imaginadas. 
  Sepa querido amigo que mientras se apagan sus recuerdos, se hace más brillante la luz de su obra. Sepa querido amigo, que mientras se extingue su tiempo aquí, nace con más fuerza cada día la inmortalidad de su obra y figura. Su genialidad querido amigo jamás podrá ser olvidada, porque para eso sí que sería necesaria una pandemia de alzheimer transgenaracional. Descanse tranquilo excelso manejador de la realidad y fantasía, descanse y disfrute de la compañía de quiénes no ven en usted más que a un esposo, padre y abuelo al que amar y cuidar. Vaya tranquilo a pasear por su inolvidable Macondo, que el clan Buendía le siga contando sus tragedias y desventuras ene se sinuoso camino que es la vida. Descanse amigo Gabo, descanse y no se preocupe por nada, usted ya hizo todo y más. Ah, una última cosa, quédese tranquilo, porque usted nunca estará encerrado en ningún laberinto y siempre, pero siempre tendrá quién le escriba.
                                    LO AMAMOS MAESTRO.